California, de película

Entre los lugares más lindos de Norteamérica, tranquilamente puede situarse California, un estado rico por donde se lo mire. Sus paisajes, su cultura, la gente y su infraestructura, hacen de esta ex porción de suelo mexicano, una región inigualable, tal como puedo calificar a la travesía que llevé a cabo hace tres años, conociendo y disfrutando esa superficie de manera espectacular.

Sin lugar a dudas que si hiciéramos un ranking con las diez provincias o estados más lindos y pintorescos de nuestro continente, California, en el suroeste de Estados Unidos, no debería quedar al margen.
Siendo a su vez el estado de mayor densidad poblacional en el territorio estadounidense, con casi 40 millones de habitantes, California concentra una riqueza paisajística superlativa, que combina a la perfección la esencia de lo natural con las más destacadas obras de infraestructura puestas en manifiesto por la mano del hombre.
Del mismo modo, la historia de su formación distingue a la región considerando que hasta mediados del siglo XIX esta superficie de más de 400 mil kilómetros cuadrados pertenecía a suelo mexicano y de manera previa, los dos países, que la pretendían, se enfrentaron en una guerra para apropiarse de ella y del oro puro que era parte de su interior.

UN RECORRIDO PARA SOÑAR. Teniendo en cuenta mi atracción por las características que de una u otra forma hacen de California, un lugar maravilloso, decidí conocer la región recorriendo sus mejores arterias y puntos salientes de una manera particular: en solo 10 días, con amigos y a bordo de un auto alquilado, que hasta supo oficiarnos de hogar.
Sin tanto tiempo aunque sí con mucho entusiasmo para desenvolvernos dentro de tamaña fracción terrestre, decidí junto con cuatro pares comenzar el trayecto desde la urbe más austral del estado: San Diego, que fue una de las ciudades más lindas que conocí en el periplo.
Por su gente y, su excelente contraste entre lo antiguo y lo moderno, lo nativo y lo construido, el día y la noche, es una localidad para recomendar. En una metrópoli extraordinaria como San Diego empezó el paseo que prosiguió al abrirnos paso por una ruta espectacular, donde la brisa es diferente a cualquier otra parte y el azul radiante del océano pacífico se hace notar a toda hora. Viajamos de sur a norte por el extremo oeste del estado, visitando distintas localidades y bañándonos en playas famosas gracias a la industria cinematográfica. Así, fue que pasamos por Ocean Beach, Oseanside, Long Beach, Hermosa y Redondo Beach, entre otras costas, hasta llegar al gran monstruo de cemento que es Los Ángeles. Cinco días allí bastaron para disfrutar de los mejores parques de diversiones y actividades relativas al ocio en general, conociendo además la majestuosidad de Beverly Hills y la diversión que soportan las calles de Hollywood.
Albergándonos en hostels o moteles, como se estila en EE. UU., la travesía no fue tan costosa.
Al abrirnos paso por la autopista nacional 101, de la que luego se desprende la ruta 1, continuamos sobre la cinta asfáltica que media entre el mar y la montaña. Santa Mónica, Santa Bárbara, Santa Cruz y Monterrey, ciudades que no por casualidad portan nombre y vasta cultura mexicana pero que se alían a notables rasgos estadounidenses, fueron para nosotros paradas casi obligadas al menos por una noche, en razón de su encanto.
Poco nos quedaba en cuanto trayecto y tiempo dentro del rumbo que nos habíamos trazado, el cual concluía en San Francisco, al extremo norte de la bahía que lleva ese nombre.
Sorprendidos con la diversidad cultural y arquitectónica que la ciudad bien reconocida por el mítico puente Golden Gate y la cárcel de Alcatraz ostenta, culminamos el camino que teníamos previsto.
Impagable fue el hecho de viajar de la manera que lo hicimos, privándonos talvez de grandes lujos pero sabiendo saborear al máximo los pequeños placeres de la vida, valorando también el hecho de que estábamos ante un lugar en el que no todos los días íbamos a poder estar.
Anécdotas de los cinco protagonistas de esta historia se fueron gestando así como los kilómetros recorridos en el camino, junto con varios sentimientos y emociones encontradas.
El desafío de descubrir California del modo en que lo hicimos, con lugares impuestos prácticamente desde nuestra infancia quizás, mediante la pantalla grande, fue algo soñado. Propiamente dicho, fue de película.

Domingo 29 de abril de 2012
Relato realizado para suplemento de Turismo de EL DIARIO de Paraná, Entre Ríos
República Argentina

Categorías:Crónicas de viajes, Trabajos

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