Gustavo González: “Santa Fe sangra desde hace más de una década”

El abogado y académico disertó el viernes en la Universidad Nacional del Litoral y expresó su parecer en torno a la problemática que atraviesa la capital provincial. Analizó las causas de los homicidios, aventuró soluciones ante este flagelo y habló sobre la imputabilidad de los menores. Propuso avanzar con la democratización de los poderes de seguridad.

Resulta difícil hacer alusión al trasfondo de la inseguridad en Santa Fe y no referirse a Gustavo González. El abogado, docente e investigador estuvo el viernes último en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad Nacional del Litoral. Dio cuenta de sus estudios sobre la materia y compartió sus ideas con estudiantes de la carrera de Periodismo y Comunicación. El letrado analizó la situación que vive la ciudad, se expresó respecto a los factores que llevan al delito y sobre el alto índice que muestran las tasas de homicidio en la región. Además, planteó su postura en relación a la labor de las fuerzas de seguridad y los procesos penales. Aventuró también potenciales soluciones al conflicto.

-¿Qué es la inseguridad?
-El concepto hace alusión a aquello que impacta de alguna manera en forma negativa. El delito es su principal referencia, pero la idea se extiende a un sentido más amplio, como la inseguridad laboral, en términos de inclusión al sistema educacional o a políticas sociales de salud. Su definición encierra distintas complejidades y es importante en cierto modo desde diferentes lugares, como la Academia o los medios masivos de comunicación, generar insumos necesarios para que el significado no se reduzca solo a hechos delictivos.

-Antes se hablaba de la inseguridad como una sensación, ¿y hoy?
-No existe una relación directa entre un índice elevado de delitos y una mayor sensación de inseguridad. De hecho, la mayoría de las víctimas se concentra en una franja que va entre los 15 y 25 años y quienes se sienten más vulnerables son los adultos.

-¿Qué causas sociales, económicas o psicológicas llevan al individuo a incumplir las normas?
-Es difícil pensar que existe una razón para explicar comportamientos tan disímiles relacionados al delito, como homicidios, robos a mano armada o grandes desfalcos económicos.
En una cárcel se encuentran reclusos sin posibilidad de inclusión educacional o con trayectorias prácticamente nulas en el mercado laboral y es factible pensar que esos son los únicos individuos que violan las normas. No obstante en la misma unidad penal también están alojados los llamados poderosos de cuello blanco y en ese caso, poca gente se pregunta por qué ellos, que por el contrario han tenido familias constituidas normalmente y oportunidades sobradas de acceso al mundo del trabajo o la educación, cometieron delitos de la misma manera que lo hicieron los otros sujetos.

-¿Cree que la inseguridad es un problema mayor a la inflación o a la desocupación?
-El sociólogo argentino Gabriel Kessler investigó al respecto e indagó por qué desde el año 2007 al 2013 la inseguridad frente al delito no ocupaba un ranking importante en términos de las demandas sociales. Ese fue un período que coincidió con un amplio crecimiento económico de la Argentina. Su cuestionamiento se construyó en otros contextos culturales y su hipótesis más fuerte indica que la inseguridad frente al delito actúa como un mecanismo de manifestación de una cuestión más concreta y más visible que tienen los ciudadanos ante otra inseguridad más general.
Hay también un elemento muy importante que se presenta como una gran deuda que tiene la democracia argentina. Desde la década del ’80 nunca se llevó adelante un proceso estructural de democratización de las fuerzas de seguridad.

-¿Sirve la presencia de las fuerzas federales en las ciudades?
-Es muy interesante observar el caso que se da en la provincia de Santa Fe. Una construcción simbólica de los últimos cinco años respecto a las fuerzas federales y su supuesta capacidad y eficiencia en el control del delito. Es trascendente pensar esto en términos de proceso y fundamentalmente orientado a la idea de que la virtud de los organismos nacionales de seguridad se relaciona a su aptitud para combatir el narcotráfico. Su competencia legal radica en el control de las fronteras y Argentina se convirtió desde hace mucho tiempo en un país de tránsito de drogas, principalmente de cocaína y marihuana, que a su vez aumentó el consumo. Si los estupefacientes circulan, es porque perforaron los límites del Estado nacional. Entonces no considero que sea eficaz la presencia por ejemplo, de Gendarmería, en una ciudad, cuando no logró proteger el área de su labor específica.

-¿Qué análisis hace respecto a las estadísticas de los homicidios de Santa Fe?
-Un signo distintivo en comparación con otras provincias es que cuenta con datos oficiales y de acceso público. Es la única provincia del país que triangula y sistematiza la información en una estadística única.
Si bien en la ciudad de Santa Fe aparece Rosario como el lugar más complicado en términos de homicidios, es la capital provincial la que atraviesa una situación más compleja.
Es un fenómeno que tuvo su inicio en el año 2002 con un ascenso muy marcado en 2003. La tasa de asesinatos en la ciudad de Santa Fe no paró de crecer salvo en 2015, cuando hubo un descenso considerable. Rosario sangra, pero Santa Fe sangra desde hace más de una década.

-¿Qué tan insegura es la ciudad de Santa Fe?
-Es una pregunta compleja, difícil –indicó perplejo-. El delito está concentrado en los sectores periféricos. Un joven que viva en la zona norte y oeste de la ciudad tiene mayores probabilidades de ser víctima de un homicidio respecto a otro que resida entre los boulevares.
La inseguridad está concentrada territorialmente.

-En los últimos meses se registraron en distintos lugares del país, casos de “defensa por mano propia”, ¿qué opina al respecto?
-La legítima defensa es un resabio de la habilitación a una solución de un conflicto de forma violenta. El estado es el que se arroga una terceridad para intervenir en los casos interpersonales. La violencia no se repele con más violencia.

-¿Qué opina sobre la frase “entran por una puerta y salen por la otra”? ¿El endurecimiento de la pena es la solución?
-En primer lugar, la idea que “entran por una puerta y salen por otra”, que es la metáfora de la puerta giratoria, es una gran falacia. La tienen ciertos actores políticos, lo cual genera mayor preocupación. En la provincia de Santa Fe desde 2003 no ha parado de crecer la población carcelaria.
Casi el 80% de las personas alojadas en una unidad penal, están privadas de su libertad por cometer un delito en contra de la propiedad. Los homicidios, los casos de tipo sexual o los delitos de cuello blanco, son los menores.

-¿Es posible la reinserción de un convicto?
-Hasta el momento las sociedades occidentales no han construido un dispositivo diferente a pesar del fracaso concreto que tiene la privación de la libertad como mecanismo de respuesta penal. Las características que tienen estos jóvenes que delinquen es que nunca estuvieron insertados, por eso es difícil hablar de reinserción. Es una falacia simbólica reinsertar a alguien que en el mejor de los casos tuvo una relación bastante débil con mecanismos como la educación o el trabajo. ¿Cómo pensar que un tipo de tratamiento que hace de la violencia su recurso fundamental para controlar al recluso pueda generar herramientas para la reinserción social?
La prisión debería ser resignificada simbólicamente como un mecanismo para resolver los conflictos que sí tienen una cierta gravedad: los homicidios.

-¿Los menores que delinquen deben ir presos?
-Si la cárcel no funciona para los mayores, menos debería funcionar para menores o adolescentes. El saber académico debe generar insumos para no pensar en soluciones primarias.

-¿Qué porcentaje de homicidios se resuelven?
– Esa información se produce en el Ministerio Público de la Acusación y efectivamente los estándares de respuesta de los homicidios que da el sistema de Justicia Penal están dentro de un marco tradicional. Esas cifras giran en torno al 60 o 65 por ciento. Cada 10 homicidios que se comenten, en seis hay distintos tipos de respuesta como sanciones penales, casos de exculpación de legítima defensa, etc.
Cuando crece exponencialmente la tasa de homicidios, la tasa de respuesta judicial desciende. Existe una estructura limitada ante un problema que crece. En ciudades más chicas de la provincia de Santa Fe, se resuelven nueve de cada 10 homicidios.

-¿La inseguridad tienen solución?
-Sí –dijo dubitativo-, creo que efectivamente hay una serie de iniciativas que deberían por lo menos orientar a una posible resolución del conflicto.
Según las encuestas de victimización, el ciudadano indica que para solucionar el delito, las respuestas deben ser de carácter social y no penal.
Hay que avanzar en un proceso de democratización de las agencias de Administración Justicia, las fuerzas de seguridad y el Servicio Penitenciario, para que estos órganos rindan cuenta de las cosas que hacen y a partir de allí se pueda evaluar su desempeño. Cada cuatro años tienen que ir a elecciones. Debería haber mayores políticas de transparencia y de persecución de objetivos en sus tareas cotidianas. Ese, es un mecanismo fundamental.

Domingo 9 de octubre de 2016
Entrevista para diario local de Santa Fe, capital de la provincia de Santa Fe.
República Argentina

Categorías:Interés general, Trabajos

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