La importancia de mantenerse a flote en una ciudad entre ríos

Según la Organización Mundial de la Salud por año mueren ahogadas más de 370 mil personas. Especialistas coinciden en la falta de cultura preventiva de los paranaenses. En la capital entrerriana solo una escuela incluye a la natación en su currícula.

A casi un mes del comienzo del verano, se inauguraron en Paraná los distintos complejos balnearios. Ante la concurrencia de cientos de bañistas de diversos puntos del país, el peligro se agudiza. El riesgo se incrementa debido a que comúnmente la precaución no es prioridad y los asistentes minimizan el peligro a la hora de sumergirse en el río.
La edad (descuido de niños), el acceso al agua (pescadores o ribereños), excesos (alcohol o drogas) o turistas no familiarizados con la costa son algunos de los factores de riesgo.
Los ahogamientos son la tercera causa de muerte por traumatismo no intencional en el mundo, detrás de la meningitis y el VIH. El dato se desprende del Informe mundial sobre los ahogamientos por sumersión elaborado por la Organización Mundial de la Salud.
Se calcula que cada año mueren por esa causa 372 mil personas y que más de la mitad de las víctimas son menores de 25 años.
En Paraná, en los últimos cinco años murieron 39 personas ahogadas en el río. Las estadísticas proporcionadas por Prefectura Naval Argentina a EL DIARIO indican que en 2012 hubo siete muertes, en 2014 se registró un pico de 10 víctimas fatales y luego las cifras presentaron un leve descenso que se fundamentó principalmente a raíz de la crecida.

El rol de Prefectura

La principal tarea de los prefectos es supervisar el borde costero y las zonas de influencia como islas o bancos de arena. Se encargan de custodiar todo lo que sucede en la superficie y trabajan sobre la prevención de imprevistos dentro y fuera del agua.
“Para esta temporada que se inició, prevemos nuevamente realizar controles exhaustivos y enviar con frecuencia consejos útiles a los medios de comunicación para que puedan difundirlos a la ciudadanía”, indicó el prefecto principal de Paraná, Gustavo Diederle.
La premisa de la fuerza naval es concientizar a los habitantes sobre el cuidado personal y el respeto al río. “Antes de que se inauguraran los balnearios públicos ya había chicos en el agua, llegamos a ver nenes sumergidos en el río y diferentes lugares de la costa, con el peligro que eso conlleva y sin ningún mayor cerca”, comentó.
En base a su experiencia en Concordia, Ramallo, Mar del Plata y Capital Federal, Diederle advirtió que en Entre Ríos existe menos conciencia entre los bañistas. “En La Feliz en cambio –sostuvo con asombro– la gente tiene otra adaptación a las normas y acata de mejor modo nuestras recomendaciones”, contó el Prefecto.
En materia de prevención el organismo busca evitar que la gente ingrese al agua en lugares inhabilitados. También sostuvo que sería óptimo que a partir de cuarto o quinto grado todos los alumnos aprendan a nadar.
La vigilancia en la costa del Paraná consiste en brindar seguridad a los bañistas y a los deportistas náuticos. Además, el personal patrulla diariamente por lugares estratégicos.

¡Qué calor! ¿Vamos a la playa?

“… Bajando con el curso del río se ve la playa del Paraná Rowing Club y más allá, la del balneario Municipal, protegida de sauces. En frente se recorta la silueta de la Isla Puente, con su arenosa playada, famosa por la circunstancia de que en ella no se ha ahogado nunca un bañista. En estas otras, en cambio, anualmente el Paraná suele tragarse unos cuantos…”, narraba el poeta gualeyo Amaro Villanueva en su obra Paraná, rosa de otoño.
Las altas temperaturas de los meses de verano marcan sensaciones térmicas que superan los 32º, y son muchos los que buscan mitigar el calor sofocante sumergiéndose en las aguas del río Paraná.
En temporada estival el balneario Parque Municipal es el escenario más representativo de la capital entrerriana. La playa pública ubicada en la costanera baja, luce a la perfección tras la creciente del año pasado. En el lugar tres guardavidas trabajan sobre la prevención de accidentes o como socorristas en casos de necesidad. David Biaggini, uno de ellos, explicó el panorama con el que se encuentran a diario y dio cuenta del protocolo que sigue en caso de urgencias.
“Debemos prestar mucha atención a todos los movimientos que se dan a nuestro alrededor sobre todo por la inconducta que se observa en la gente”, expresó y añadió: “A veces nos encontramos con grupos que asisten alcoholizados y realizan gracias que en muchos casos los ponen en peligro o involucran a otras personas”.
Cada 50 y 100 metros de arena debe haber un guardavida.
Frecuentemente la labor de los bañeros se complejiza ya que el perímetro de control es más amplio y suele haber mucha más gente adentro del agua en comparación con la pileta de un club.
El comportamiento del río es imprevisible. Por más bajo que esté el caudal de agua, en la orilla puede haber pozos o zonas resbalosas. En esta circunstancia toma relevancia el boyero o cerco perimetral, que indica hasta donde puede ingresar la gente, que lamentablemente en varias oportunidades lo sobrepasa.
Biaggini relató cuál es el procedimiento que debe realizar en caso de emergencia y especificó que no es lo mismo asistir a alguien que se esté ahogando por no saber nadar, que a otro que esté sufriendo un paro cardiorrespiratorio o bien un accidente de corte dentro del agua.
“El primer paso es avisarle a la gente que no ingrese al agua. Si la víctima entró en pánico, hay que salvaguardar la integridad de uno mismo, poner a salvo a la persona y luego trabajar sobre su recuperación”, argumentó.
“Por más que nos encontremos fuera de servicio, al asistir a un natatorio o a una playa, siempre nos notificamos con nuestro par a cargo, para ponernos a su disposición y ayudar en caso de emergencia”, sentenció.

Pariente del mar

Caía la tarde sobre el Paraná, la isla se transformaba en una sombra frente a la costanera y los mosquitos estaban al acecho. Cerca de nosotros, un grupo de adolescentes estaba pescando y otras tantas personas más caminaban por el puerto.
Acodado en la baranda del anteúltimo muelle del puerto nuevo, Luis “Cosita” Romero, relataba sus vivencias en el río. Él, es un baqueano orgulloso de su trabajo y se siente a gusto con el medio en el cual se desarrolla.
Su actividad específica es el eco turismo, guía de pesca y actividades afines. Fueron él y su compañero la primera iniciativa de este estilo en el país y consiguieron el marco legal en 2003.
“Yo aprendí a nadar a los 6 años siendo un gurí de la calle, manguero, vivía en el Barrio Maccarone y venía acá” -señaló hacia la costanera- y continuó “a veces me pegaba un chapuzón y de a poco fui adentrándome en el río”, recordó el baqueano.
Sin embargo, “Cosita” creyó oportuno recordar una mala experiencia que le tocó vivir de niño: “Decidí nadar un poco más allá (río adentro), me alejé demasiado de la costa y me cansé” relató el baqueano y reflexionó “cuando te cansas tenés que seguir en movimiento porque si no te hundís, pero se me fueron las fuerzas y comencé a ahogarme”-el entrevistado interrumpió el relato por un segundo, tomó aire y siguió con la charla-.
“Sentí que no me podía defender en el agua hasta que una mano me subió a la superficie” describió el lugareño.
Confesó el baqueano que después de atravesar ese momento tomó conciencia y comenzó a mejorar su técnica de natación para no sentir inseguridad dentro del agua otra vez y por esto considera vital que los “gurises” no terminen la primaria sin saber nadar.
Teniendo en cuenta la experiencia de “Cosita” y apelando a su conocimiento sobre el Paraná, EL DIARIO le consultó sobre el comportamiento del río y su profundidad. “Cualquier lugar del río que supere nuestra altura es peligroso”, aseguró el baqueano y explicó que la costa del río es muy barrosa ya que cuando la corriente pierde velocidad el sedimento que arrastra se acumula en el fondo.
El pescador se mostró convencido que en el puerto y la costanera son los lugares donde más se cometen errores en días calurosos porque la gente se tira al agua de cualquier lado sin considerar las consecuencias. “Estamos parados en el anteúltimo muelle, acá –se asoma por la baranda y señala debajo del muelle- hay ocho metros de profundidad”, luego apuntó más adelante, estiró su brazo y dijo: “ahí hay catorce metros de profundidad aproximadamente”.
A modo de conclusión, el baqueano reflexionó: “Al agua hay que respetarla, no tenerle miedo”. Y para finalizar la charla, dijo: “Nosotros venimos del vientre y somos de agua –si vale la expresión– y como especie hemos perdido esa habilidad con la que llegamos al mundo”.

Aguas abiertas

El Paraná es considerado uno de los ríos más importantes de Sudamérica y es el sexto de llanura más importante del mundo. Moviliza un caudal colosal de 16 mil metros cúbicos por segundo, es decir un volumen equivalente a más de seis piletas olímpicas.
Sin dejarse intimidar por estas cualidades, Andrés Solioz, ex nadador de aguas abiertas, tuvo el sueño de experimentar por dentro el inmenso caudal acuífero. Algo que hizo realidad.
En 1998 participó de la maratón más larga del mundo: la Hernandarias – Paraná (88 kilómetros), luego corrió la Santa Fe – Coronda y compitió, incluso, en otros continentes superándose en cada prueba.
“La llegada de un nadador al río tiene que ver también con los profesores que tenga en un club. Al menos así fue en mi caso. Muchos persisten siempre con la pileta, cuando el río es tan grande y lo estamos desaprovechando”, manifestó.
Integrante de una familia de deportistas, Solioz, considera que la ciudad no tiene una cultura por la natación y los deportes náuticos. “En ese sentido creo que Santa Fe interpreta mucho más de que se trata esta disciplina, de hecho tuvo muchísimos más nadadores de renombre que Paraná”, afirmó.
“La natación en nuestra ciudad debería estar en la currícula de todos los establecimientos”, opinó. El ex nadador sostuvo que en Entre Ríos y, fundamentalmente, en las ciudades con una costa tan grande, debería ser imperiosa la idea de que todos sepan nadar.
“Así como cada lugar tiene la cultura por un deporte determinado, como Rosario por el fútbol, Bahía Blanca por el básquet, Tucumán por el rugby, en Paraná deberíamos tenerla por la natación y para lograrlo, la iniciativa debe llegar desde la Educación General Básica”, estimó.

Saber nadar, una materia pendiente

A escala mundial, los índices más elevados de ahogamientos corresponden a niños de 1 a 4 años, seguidos de la franja de edad que va de 5 a 9 según datos tomados de la OMS.
“Saber nadar sirve, sobre todo, para subsistir y para dominar el cuerpo en el agua porque es un riesgo y un peligro” describió Daniel Torres, supervisor de Educación Física de Escuelas Primarias del Consejo General de Educación (CGE) y confesó que “es una vergüenza que viviendo entre los ríos nuestros alumnos no sepan nadar”.
Lo cierto es que en Paraná una sola escuela cuenta con natación para sus alumnos durante todo el año. Se trata de la escuela Nº 8 Pueyrredón ubicada en la zona alta del parque Urquiza. El taller forma parte de las enseñanzas que se dictan por ser una escuela de jornada extendida, más conocidas como Nina. Las clases de natación están dirigidas a alumnos de cuarto, quinto y sexto grado. Son unos 80 niños que aprenden a nadar en las piletas del Club Atlético Estudiante (CAE) y que viven en zonas cercanas al río Paraná.
Tener mayor acceso al agua es otro de los factores más grandes de ahogamiento y en la mayoría de los casos, los “gurises” que asisten a la escuela Pueyrredón provienen de familias de pescadores, radicadas sobre la costa.
“Nuestros niños van al agua y están indefensos” opinó Torres y agregó “toda la vida pasamos al lado del agua y ellos no saben utilizar el medio, la idea es respetar el agua pero saber defenderse” argumentó el funcionario.
Las clases de natación son posibles a través de un convenio pionero logrado entre la escuela y el CAE, ya que ambas instituciones son vecinas. Al respecto, Torres informó que los clubes reciben subsidios en función de su prestación social, esa prestación implica abrir sus puertas a la sociedad. Sin embargo, considera que esta contraprestación no existe.
“Sería bueno que en todas las entidades deportivas de Paraná realicen esto para las escuelas públicas porque los chicos no tienen la posibilidad de ir a un club” reflexionó la profesora de natación , Gabriela Palavecino, durante la muestra anual del taller.
Por su parte, Sandra Cuesta supervisora escolar de Educación Física de escuelas secundarias contó que desde la dirección buscan implementar políticas educativas para enseñar a nadar a los escolares. Por el momento solo se trata de un proyecto planificado para el 2017 que se llama “Entrerrianada”. La propuesta implica que todos los cuartos grados en marzo, abril, octubre y noviembre practiquen natación. Se haría una prueba piloto en Concordia y luego se extendería a toda la provincia de Entre Ríos, según informó Cuesta.
En tanto, la Municipalidad de Paraná indicó que a partir del 5 de diciembre se pondrán en funcionamiento las escuelas de natación del Complejo Escuela Hogar Eva Perón y de la Toma Vieja.

Prevención y respeto

“La entrada a un espejo de aguas oscuras debe ser caminando lentamente y de la mano de un adulto (los menores de 8-10 años). Jamás zambullirse en lugares no conocidos, aun adolescentes que lo hagan habitualmente en piscinas” recomienda el Consenso Nacional de Prevención del ahogamiento. “El niño y el agua” publicado en Scientific Electronic Library Online (SciELO) una biblioteca electrónica que conforma una red iberoamericana de colecciones de revistas científicas.
En el momento en que alguien empieza a ahogarse el desenlace es a menudo fatal. A diferencia de lo que ocurre en otros casos, la supervivencia se decide casi exclusivamente en el lugar del incidente y depende de dos factores clave: la rapidez en sacar a la persona del agua y la prontitud en llevar a cabo una reanimación adecuada. Lo ideal, es que ese momento nunca llegue. Para eso, la prevención es vital y en la misma sintonía saber nadar se presenta como el arma esencial en el agua.
Con el respaldo de su trayectoria, con su percepción particular determinada por lo vivido desde cada profesión, cada idóneo arribó a la misma conclusión.
“Ningún río puede volver a su fuente, sin embargo todos los ríos deben tener un comienzo”, reza un refrán popular y en materia preventiva, la natación es aquel inicio.
Un prefecto, un guardavida, un ribereño, un nadador, una profesora y directivos de educación, todos conocedores del Paraná, coinciden en que el cuidado es la carta de presentación para el resguardo personal.
La educación para la primera infancia es concebida como un proceso continuo y permanente de interacciones y relaciones sociales de calidad, oportunas y pertinentes que posibilitan a los niños potenciar sus capacidades y desarrollar competencias para la vida. En una ciudad costera como la capital entrerriana, los idóneos asienten que al río hay que tenerle respeto, pero nunca miedo y saber mantenerse a flote debería ser un principio básico.

Domingo 23 de octubre de 2016
Informe para diario local de la ciudad de Paraná, provincia de Entre Ríos
Producción conjunta con Eliana Sánchez y Delfina Luque
República Argentina

Categorías:Interés general, Trabajos

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