Saltos de calidad

Hablar de wakeboard en la provincia, es hacer referencia a Renato Buscema. Su papel como entrenador del equipo nacional llevó al deporte a la primera plana mundial. El entrerriano vive de manera intensa y abocado ciento por ciento a la disciplina, ya sea en Paraná o Europa, donde hace temporada durante cada invierno argentino.

El deseo de cualquier deportista es convertir en profesión su pasión y de una u otra manera, el paranaense Renato Buscema hizo lo propio. En este caso, como entrenador.

El wakeboard es su disciplina de neurálgica y la emotividad que él transmite al referirse a la disciplina, lo perfila como un verdadero amante de la actividad.

Con 39 años, Buscema lleva adelante la Escuela Fly que funciona en el Club Náutico Paraná, conduce el seleccionado argentino, entrena a los mejores riders en el primer mundo y trabaja día a día para hacer crecer el deporte en la región.

Temporada tras temporada llegan a entrenarse bajo sus órdenes a la capital entrerriana, atletas de distintos países que jerarquizan aún más su figura.

La perseverancia, el compromiso y su dedicación, lo posicionan en el lugar que ocupa actualmente, en la elite, sin necesidad de irse de la ciudad que lo vio nacer.

-¿Debido a qué se dio tu incursión en el wakeboard?
-Siempre me gustaron los deportes extremos. En el wakeboard arranqué con un amigo a los 18 años. Antes, había hecho BMX, pero mi familia siempre estuvo ligada a la náutica y la sangre tira. Así que me incliné para esta disciplina, de la que me enamoré perdidamente.
Antes, también jugué competitivamente al padel, pero cuando empecé a practicar wakeboard con mayor frecuencia me di cuenta que no podía tomármelo a la ligera, no podía ser nada más que un deporte de fin de semana. Entonces comencé a perfeccionarme y a participar en distintos torneos de trascendencia nacional e internacional. Poco tiempo después de profesionalizarme como rider, empecé a dar clases y a entrenar a las pocas personas que se iban sumando al deporte en Paraná.
Un día me llegó el momento de tomar una determinación, que implicaba decidirme si seguiría trabajando con mi papá y estudiar o me iba a dedicar de lleno al wakeboard, que por cierto fue lo que finalmente hice.
Cuando arranqué con este proyecto empecé a buscar qué haría en el invierno. En consecuencia les envié mi currículum a escuelas de wakeboard de diferentes lugares de Europa. En mi primer año afuera estuve en España y en el segundo me fui para Italia. Allí trabajé por once veranos (europeos) consecutivos y tuve la suerte de encontrarme con el coach Enzo Molinari, uno de los máximos referentes a nivel mundial. Él fue quien me hizo despegar como instructor y me ayudó a conocer la física-mecánica del deporte, así como el porqué de cada maniobra y todos los secretos de esta disciplina.
Una vez capacitado en el exterior, intenté volcar mis nuevos conocimientos a Paraná y formar la Escuela Fly de Wakeboard. Y la propuesta creció de tal manera, que hoy en día vienen a entrenarse esquiadores de Buenos Aires, Misiones, Córdoba, Santa Fe, de diferentes países limítrofes e incluso de Europa.
También logré desarrollar en la ciudad, varias fechas de los campeonatos argentinos e intenté hacer lo posible para darle una mayor difusión a la disciplina.
Siempre vi el potencial que hay en nuestra gente y nuestro río. El escenario natural con el que contamos en Entre Ríos es increíble.

-¿Cómo viviste la transición de dejar de competir para pasar a ser entrenador?
-Sin dudas que con mucha alegría. Yo seguí detrás de mi pasión, que era enseñar. Siempre fui consciente que si me dedicaba a esto, iba a terminar siendo entrenador. Y cuando uno le dedica tanto tiempo a la enseñanza, va perdiendo energías para esquiar y resigna la esquiada de uno mismo para ayudar al desempeño de los demás. Ese fue un proceso natural para mí. Sin lugar a dudas que después de manejar la lancha unas diez horas por día, el cansancio te quita las ganas de salir a esquiar.

-¿Qué impulsó tu llegada a la selección argentina?
-A través de la FADEW -Federación Argentina de Wakeboard- logramos introducir a nuestro deporte en el circuito del ENARD. Fue entonces que desde el ente empezaron a seguir y a monitorear a nuestra disciplina. Precisaban un entrenador para el equipo argentino, lo buscaron y me seleccionaron a mí.
Inicié esta etapa mediante un proyecto que fue con un grupo de jóvenes promesas. Con ellos empezamos a transitar un camino de cuatro años en los que trazamos objetivos concretos.
En la actualidad, nos encontramos en el último año de ese ciclo y los atletas alcanzaron un nivel de relevancia mundial, gracias a su compromiso y dedicación. Estos riders se brindan por completo al deporte. Lo hacen de manera profesional, realizando doble temporada. Es decir, pasan en Argentina la mitad del año y la otra parte en el exterior. Son orientados por mí desde lo técnico y por el profesor González Guedes en lo físico.
En lo personal sigo a los atletas durante todo el año y desde lo técnico me mantengo actualizado sacando mis propias conclusiones y si me surgen dudas, consulto a los referentes mundiales. No hay una universidad que te enseñe a ser entrenador de wakeboard y si existiera, estoy seguro que sería la única carrera que terminaría.

-¿Cómo está Argentina en relación al resto del mundo?
-En el último Mundial, realizado en marzo en Buenos Aires, el equipo nacional quedó tercero detrás de potencias como Australia e Italia. El balance fue espectacular, ya que para alcanzar un podio de esta magnitud se necesita contar con un buen equipo. En síntesis, hay que lograr un equilibrio de nivel en todas las categorías. No basta con tener una, dos o tres figuras en el equipo. Esto habla que en líneas generales con el seleccionado argentino tenemos un plantel muy fuerte. Terminamos incluso arriba de Estados Unidos, que fue el país mentor del deporte.

-¿Qué se necesita para poder iniciarse en la práctica de esta disciplina?
-Básicamente muchas ganas. Si bien no es un deporte de bajo costo, también se puede decir que está al alcance. El wakeboard tradicional, de lancha, quizás haya quedado algo desproporcionado en razón de los valores del combustible y demás. De todas maneras, todo lo que talvez antes generaba la lancha, hoy lo tiene el Cable Wake. El wakeboard por cable está al alcance de todo el mundo. Es realmente entretenido y diez minutos de práctica te hacen sentir como si uno tuviese una hora de entrenamiento intensivo de cualquier otro deporte.
Si bien el Cable Wake no tiene el grado de profesionalización que tiene el wakeboard convencional ni planes de alto rendimiento, cada vez es más la cantidad de gente que se acerca a esta modalidad. De hecho, se quintuplicó la cantidad de riders. Y Paraná, con la puesta en marcha del Cable, no está exento de ello.
Por otro lado, el deporte demanda una exigencia física realmente importante. Hay que estar preparado para practicarlo. Un atleta en esta disciplina se forma entre los 6 y los 12 años. De los 12 a los 16 madura deportivamente y llega al pico de su rendimiento a los 21 o 22 años. Después, si quiere ir por más, estará en la dedicación y el ejercicio que tenga.

-¿Qué proyectos tenés a futuro?
-Continuar mejorando mi rol como entrenador e impulsar al equipo argentino hacia lo más alto. El año que viene tendremos en Lima el Campeonato Panamericano, que representa el máximo objetivo que nos trazamos en esta etapa.
Por otro lado, busco seguir trabajando para la Escuela Fly. En un futuro me veo a pleno en la continuidad de este deporte, que se vive además desde lo social, de una manera muy especial. Increíble. El wakeboard es un estilo de vida y eso es lo que lo hace apasionante.
Se vive siempre en contacto con la naturaleza y en conjunto. Sería imposible practicar wakeboard solo, siempre se necesitará de alguien, ya sea que conduzca la lancha o que dirija el cable y esos vínculos se disfrutan muchísimo.
No me imaginaría nunca, alejado de esta disciplina.

MIRADOR ER – FOTO 3

UNA MÁQUINA

En diciembre de 2016, Renato Buscema adquirió una lancha Malibú Wakesetter LSV 24, que se presentó como una óptima noticia para la proyección de diversas actividades desde la Fly Wakeboard Paraná.

“Con una buena lancha se pueden hacer grandes cosas. En el exterior hay lanchas espectaculares, que son increíbles. Ésta, fue una gran inversión que la verdad, valió la pena”, dijo. “Cuando se entrenan cosas nuevas, el que conoce sobre el manejo de la embarcación a la perfección, marca la diferencia. Ese creo que es uno de mis fuertes en esto. Cuando un esquiador se encuentra aprendiendo una maniobra nueva, por ejemplo, trato de bajarle lentamente la velocidad y aminorar la marcha justa para evitar su riesgo ante una eventual caída. Hay muchos secretos que se pueden desarrollar con una buena lancha y al conocer sobre el manejo de la misma”, indicó.

LA EVOLUCIÓN

A diferencia del wakeboard convencional, el sistema de Cable Ski estrenado en Paraná el año pasado, es furor mundial. El mismo tiene como objetivo fomentar la práctica del wakeboard y del wakeskate junto a otras disciplinas con la facilidad que propone el cable en lugar de una embarcación a motor.

El sistema no emite ruidos molestos y es totalmente ecológico. Cuenta con torres instaladas en dos extremos que están conectadas entre sí por un cable de acero suspendido sobre el agua y un motor eléctrico que impulsa el cable y al esquiador.

La velocidad puede ajustarse de acuerdo al peso, habilidad o preferencia del rider, lo que habla a las claras de una iniciativa ideal para esquiadores expertos o principiantes, sean niños o adultos.

FOTOS: MARCELO MIÑO

Domingo 18 de noviembre de 2018
Artículo realizado para suplemento Mirador Entre Ríos, distribuido con Clarín en Entre Ríos.
República Argentina

Categorías:Crónicas deportivas, Entrevistas, Trabajos

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